Cuando a nivel mundial se habla de la infancia, se asume que debe ser un sector de la población al que por derecho se le garantice su calidad de vida, dignidad, libertad y completa tranquilidad para poder disfrutar de su inocencia, realizando actividades propias de su edad que les posibiliten tener un mejor futuro, tales como estudiar, recrearse, pero sobre todo compartir con su familia y amigos en un ambiente armónico; situación que en Colombia ha sido vulnerada directa e inhumanamente por el conflicto armado, trasladando a los niños de sus campos de juego a tortuosos campos de batalla donde la violencia causa en sus mentes daños psicológicos irreversibles.Es por esto que no es suficiente con los miles de escritos y publicaciones que hablan del tema y que si bien causan impacto social y reacciones de compasión o rechazo, no llegan a generar una actitud de acción que una cadenas tanto de entidades nacionales e internacionales como del pueblo colombiano para tomar medidas en el asunto.
Se hace necesario iniciar un proceso que desligue poco a poco a los niños de reclutamientos con engaños o forzado; incluyendo el secuestro el desplazamiento, el riesgo de minas antipersonales, el mal trato físico y psicológico, a demás de la gran manipulación para usarlos en propósitos marginales y egoístas como un blanco fácil e influenciable; que no solo se limiten a simples tratados y acuerdos escritos en un papel mientras los pequeños frustran su vida llevando a cuestas una carga ajena, que sin quererlo desarrolla en ellos rencor, agresividad que podemos tomarlos como traumas psicológicos que afectan a las personas que los rodean, incluso a la sociedad entera, ya que las víctima se transforman en victimarios de una sociedad en la que son señalados e incomprendidos y que de alguna manera contribuyo para que ellos actúen así. Todas estas actitudes que aun no tienen freno, hace que se sigua formando un semillero de grupos al margen de la ley, los cuales están unidos por una cadena de odio y represión; cadena que mencionada anteriormente debería ser formada por quienes desean incansablemente que esta guerra termine.
No obstante, el hecho de que no solo los grupos al margen de la ley utilicen a los niños en la guerra si no también las fuerzas armadas de Colombia hacen más difícil la situación teniendo en cuenta en la actualidad hay leyes que regulan su reclutamiento, pero que no por eso dejan de incidir en la creciente problemática que amenaza la vida de los niños.
De ahí que el gobierno de nuestro país, debe tomar cartas en el asunto, comenzando desde su misma estructura, para valorar su posición frente al conflicto y la forma como utiliza a la población civil en miras de su protección mas no de su participación en la guerra, ya que en su afán por no dejar en la impunidad, los miles de casos de violencia puede que estén olvidando lo más importante que es la seguridad y tranquilidad de su pueblo en especial de los niños.
Por eso es que la unión no solo política y sin fines corruptos e intereses de por medio, si no humanizada que logre retomar las riendas los principios y las metas hacia donde se quiere llegar con el conflicto y con el futuro de los niños de nuestro país es el inicio o el punto de partida para intervenir oportunamente en bienestar de personas que dependen del cuidado de adultos y que tienen la esperanza de que sean quienes algún día tomen la decisión de luchar por ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario